El año... que no ha terminado


Hay cosas que realmente nos hacen pensar porqué... ¿por qué el mundo ha cambiado? ¿porqué el teatro ha cambiado?, bueno... 

Arrancamos con este nuevo artículo. En este espacio, el único que tiene el coraje de permitirme ser libre e incierto como deseo.

Es muy diferente estar en un teatro post pandémico hasta el inicio de la obra, después de toneladas de protocolos y por de atrás de la mascarilla... el teatro sigue su curso y su magia.

Vamos al año... no el del COVID, EL AÑO DE RICARDO. La obra en verdad es muy, muy, muy bien ejecutada cuanto al quesito de las actuaciones y dirección... pero con tanto al concepto textual y dramático presentado en una odisea pintoresca surrealista y embebidos en el teatro del absurdo tiene fuerte impacto de formas aisladas, embora con aciertos irrefutables si lo vemos de forma decupada.

Cuanto al mensaje dramatúrgico realmente es un quilombo bárbaro o de mejor forma a decir si se lo podría decir de un tirón: da sueño. Marea la falta de trama sólida. En tiempo. Que tuvimos en si un año que deseábamos con ansiedad que se termine, que el año se acabe tan ligero cuanto deseé que se terminara la obra.

Por momentos el espectáculo conlleva una onda muy cargada y pesada, demasiado pretenciosa, un texto demasiado sin amarras entre los varios por así decir episodios, con una puesta rematadamente overnight y por veces ruidosa visualmente. Muy bizzarra seria un buen adjetivo para esta obra, con demasiados estímulos y muy poco compatibles entre si. ¿Un oso? ¿Porqué y con qué objetivo?, además de gritada y musicalizada en alto volumen al punto de aturdir el público.

No puedo dejar de valorar el trabajo del elenco y de la dirección de extrema calidad y precisión técnica que reflete un deseo de hacer teatro, de producir arte. Capaz algunos cortes de escenas arrastradas y muy largas y algunos textos repetidos y redundante darían un aire más contundente al discurso de la obra.

La sensación es de QUÉ estaba en el 2020, encasillado en un dejavú, pero ya estamos todavía en el 2021, pero adentro de discursos que recompilaron desde frases de dictadores históricos como Hitler, Franco, De Gaule con un perspicaz trabajo de cohesión del actor principal y discursos de fascistas de la actualidad como Bolsonaro muy bien planteados cuanto a la actuación, aun que tiroteados como ametralladora giratoria en una narrativa inacabada.

¿Qué tipo de teatro es? Si hay respuesta... no lo sé. Mismo que lo sepa. Este huracán de no conceptos adentro de otro concepto es el alma de la obra. Parte del público se divirtió muchísimo mientras otra parte se perdió y un otro fragmento de la platea se durmió.

Lejos de ser peor que una peli pochoclera yankee y más de ser la mejor obra que he visto en mí vida. El año de Ricardo es una obra que hay que vérsela mucho por las muy bien logradas actuaciones y canto. Realmente cuanto a las actuaciones es un show sin embargo y con peros y con algunos problemas de hilo dramatúrgicos si uno no está listo para: va a enloquecer, se perderá.

La dramaturgia es tan confusa cuanto este párrafo pero hay que verla, hay que verla porque, bueno... Para decir si tengo o no razón en mí desrazonamiento sobre El año de Ricardo. 

Según su propaganda El año de Ricardo es una metáfora sobre el Ricardo III de Shakespeare. La naturaleza del poder no es ni satánica, ni de una complejidad turbia y fascinante, ni terriblemente cautivadora, no, sino común y corriente, ruin, asesina, estúpida e hipócrita. Angélica Liddell ha creado un monstruo.

Comentarios

  1. Nos encanta. La razón de crear un espacio crítico es fomentar el público a frecuentar más asiduamente el teatro

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