Migrantes: La No Frontera del Ser


Soy la peor persona para escribir esta crítica, puéis siendo hijo de inmigrantes, viviendo en éste que es mí séptimo y he nacido en un país que no es independiente todavía... creo que no lograré ser imparcial.

En éste martes estuve en la obra de la Compañía Mirando al Sur, en ese instante o escribo en el Subte, yendo a mí trabajo generador actualmente de mí principal fuente de ganancias que en nada o casi nada se relaciona a mis 3 formaciones. ESO ES SER MIGRANTE.

Por medio de un migrante conocido mío descubrí la obra. Con un amigo ahora ya no más ilegal que después de 5 años por aquí estaba radiante porqué al fin recibió su DNI y dejo de ser un indocumentado fui a verla.

Capaz el gran error del montaje Migrantes es su lenguaje visual que mezcla un maquillaje que por momentos genera un alejamiento de la realidad y alguito con tintas medio que clown impresionista. Me dio la impresión de que ha contaminado en contundente mensaje del texto.

Más allá de los allás, mi único reproche personal a la obra es cuanto una u otra actuación que vi un poco flojas con el tema acento, pensé felicitarles por las ricas construcciones de personaje. En algunos no se sentía natural y en particular a mí. Quizás por ser hijo de un argento y una brasuka, nacido en Galicia un país bilingüe gracias a la invasión española y acostumbrado por recibir otros exiliados políticos de innumeros países en la sala de mi casa. SIN QUERER QUERIENDO doy una humilde sugerencia. Me gustaría que algunos personajes tuvieran una ejecución de acento más prolija y que el final fuera un poco reforzado y más sobrio.

La musicalización del artista brasileño, Iuri Andrade, es un viaje a parte en el grande mundo sideral de la obra. En especial me pego fuerte en faso con la contundente actuación de Olivia Torres que me hizo llorar por un mínimo de cinco veces. Resaltó también mucho las buenísimas transiciones entre humor y drama entre las escenas.

El público en gran mayoría argentino se sorprendía con algunos relatos del personaje ecuatoriano, tal vez por desconocer el drama migratorio de los paisanos en los 90 y pareciera no conmoverse con el drama de la migrante boliviana en un principio. En ese punto hay que valorar la dirección de Greta Risa en la costura dramático-escénica que da un ritmo frenético y creciente que contagia el público e invita a la inmersión en la trama, sumado al trabajo iluminado de la actriz.

Sueños, vidas cruzadas por el dolor de dejar el suyo, picaduras y mordiscos en los discursos xenófobos que son recurrentes tanto en los que vinieron de los barcos como en los que jamás tuvieron empatía con su verdulero(éste que podrían ser mejor explotados por la obra), un maquillaje hermoso estéticamente, una musicalización rica y ecléctica son elementos a disfrutar en Migrantes.

Apenas ruego a Dionisio que el público esté preparado y con repertorio sufuciente para aprovechar plenamente de la experiencia. Muchas veces una obra está muy por encima de su público y a veces también de la crítica dicha especializada.

La obra Migrantes está en cartelera en los martes en El Callejón a las 21h.

Por Nando Schweitzer

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